Todo cambia para que todo siga igual, o quizás será mejor decir, todo cambia para volver al comienzo.

Dice un refrán que “cualquier tiempo pasado fue mejor” y yo no puedo más que corroborarlo. El tiempo me ha abierto los ojos, quizás demasiado, y me ha dejado ver las grietas de la cruda realidad, la que se esconde detrás de las máscaras sonrientes, la que se ríe de ti cuando le das la espalda.

No me gusta despertarme contigo a mi lado, prefiero mi soledad con su frío matinal. Quizás algún día me entiendas, quizás, algún día. La mayoría de la veces no me entiendo ni yo mismo y esto a veces, solo a veces, es un problema.

No me llames que no estoy, no me busques que no voy, no me mires que no soy. En estos momentos solo soy un simple pasajero de domingo.

Y es que ya no me apetece mirarte a los ojos cuando susurras mi nombre, y es que ya no me apetece llorar por ti cada vez que te hacen daño, y es que ya no me apecete cambiar por ti para que tu te sientas bien.

Yo me vuelvo al antes del antes, yo me vuelvo al comienzo. Y allí, sin ti, espero volver a ser yo mismo.