La vida no nos ha tratado como queríamos, como merecíamos, pero aún así, después de tanto tiempo al fin somos lo que siempre quisimos ser, nosotros mismos.

¿Recuerdas cuando éramos niños? No necesitábamos hablar para saber que había algo entre nosotros y todavía seguimos jugando al mismo juego.

Somo libres de palabra y pensamientos, somos libres de sentimientos pero al mismo tiempo esclavos de nuestros recuerdos.

Aún sonríes cuando pasas delante de mi, y aunque crees que no me doy cuenta se que me miras por el rabillo del ojo. Siempre supimos vernos sin mirarnos.

De vez en cuando paso por tu calle persiguiendo tus pisadas, y aunque a veces sepa que no estás, el solo hecho de sentir que has estado ya me reconforta. Tu presencia permanece en la calle, en el aire, suelo atraparla con todos mis sentidos.

Sabemos muy bien lo que fuimos y lo que somos, y nos basta amarnos en silencio para no dejar der amarnos.

Lo tenemos todo y al mismo tiempo no tenemos nada, y eso nos basta para ser felices. Nunca pretendimos tener algo más pues en el momento que esto deje de ser así seguramente no será lo mismo y todo habrá acabado.

El olvido nunca fue una opción.

Imagen | Juan Ignacio Sánchez Lara en Flickr